E-learning y el fomento de los hábitos intelectuales

Hay quienes piensan que un campus virtual es sólo el escenario interactivo en el que se desarrolla cualquier programa de E-learning. Sin embargo, cualquier persona que haya puesto un pie en él podría decir que se trata de un espacio global de participación cuyos principales componentes son las personas que lo integran.

¿Por qué siempre que se habla de formación on line se hace referencia exclusivamente a contenidos, programas de aplicación o soporte técnico?¿Por qué nunca se centran en los auténticos protagonistas que configuran este entorno?¿Por qué no se habla de los alumnos? Resulta curioso que siendo el alumno el principal protagonista de este sistema de aprendizaje - es quien adquiere conocimientos y los ejercita a través de una plataforma de formación virtual - sea tratado por los más escépticos como “víctimas” de las circunstancias tecnológicas y como “sujeto pasivo” al que se le “aplican” técnicas, métodos y contenidos diseñados de cualquier manera con el fin de que se produzca el “milagro final”, que no es otra cosa que el aprendizaje.

Pues bien, resulta que las cosas no son así en absoluto.

Existen hábitos intelectuales concretos que se pueden ver y reconocer cada día en estudiantes que atienden procesos de E-learning. Hábitos fundamentales para que exista aprendizaje y que gracias a las tecnologías se pueden medir: son hechos constatables.

Actitud proactiva. Los alumnos deben estar activamente presentes. Entran al campus virtual para estudiar, buscar información, contrastar opiniones con profesores y compañeros. No tendría sentido estar ausente.

Actitud reflexiva y de respeto. Se ha hablado mucho de la “desinhibición” en los entornos virtuales, pero se puede asegurar que eso no sucede cuando se busca eliminar el anonimato. Los alumnos que estudian en un entorno virtual no son unos “extraños” y se relacionan entre ellos y con sus docentes en términos de máximo respeto. Esto tiene una explicación: escribir un mensaje no tiene porqué ser sinónimo de “pérdida de frescura” pero la comunicación escrita siempre implica tomarse un tiempo extra para pensar en “lo que realmente uno quiere decir” y en “revisar lo que uno realmente dice”. Es seguro que para algunas de las cuestiones que se plantean en voz alta en el aula presencial muchos profesores y alumnos hubieran apreciado una oportunidad de “repensarlas” antes de decirlas en voz alta”.

Autodisciplina y determinación. Seguramente todas las personas que han cosechado un buen número de éxitos profesionales conocen la importancia del significado de estas dos palabras. El camino hacia el éxito profesional está lleno de momentos que exigen marcarse objetivos claros y afrontarlos con determinación y un enorme grado de autodisciplina.

En la medida que se fomenten estos hábitos intelectuales en los alumnos el camino hacia el éxito estará más que asegurado, que no es otra cosa que el aprendizaje.


Publicado: Noviembre 30, 2007 a las 10:18 am en Boletín KME.
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